¿Es mejor apagar el aire acondicionado o dejarlo encendido todo el día?
Por qué apagar y encender el aire es el peor error para tu factura
¿Te resulta familiar esta escena? Llegas a casa a las tres de la tarde asfixiado por el calor. Coges el mando del aire acondicionado, lo enciendes y pones la temperatura al mínimo posible (18ºC) con el ventilador a máxima velocidad. Pasada media hora, empiezas a sentir que te hielas, por lo que apagas el aparato por completo. El salón se vuelve a calentar, empiezas a sudar de nuevo, y vuelves a encender el equipo a 18ºC. Así te pasas toda la tarde, en un bucle infinito de encendidos y apagados creyendo, erróneamente, que al tener la máquina apagada la mitad del tiempo estás ahorrando mucha electricidad.
Siento decirte que este comportamiento (heredado de cómo usábamos los aparatos de los años 90) es la receta perfecta para disparar tu factura de la luz, acortar la vida útil de tu compresor y sufrir de constantes resfriados por los bruscos cambios de temperatura. Para entender por qué no debes hacerlo, hay que comprender cómo funciona la tecnología que rige hoy en día la climatización mundial.
El pasado: Los motores "Todo o Nada" (On/Off)
Hace más de veinte años, los aires acondicionados funcionaban con una lógica muy simple y bruta. El motor (el compresor de la calle) solo tenía dos estados: o estaba apagado (consumo cero), o estaba encendido entregando el 100% de su potencia brutal, consumiendo 2.000 o 3.000 vatios de golpe. Si ponías el aparato a 25ºC, la máquina funcionaba al 100% hasta enfriar el salón, se apagaba de golpe, y cuando la casa se calentaba a 26ºC, volvía a arrancar de golpe al 100%. Cada arranque suponía un enorme pico de consumo eléctrico. En aquellos tiempos, la táctica de apagar y encender manualmente no marcaba mucha diferencia.
El presente: La revolución de la Tecnología Inverter
Hoy en día, casi el 100% de los aparatos domésticos son Inverter. La palabra Inverter significa que el cerebro de la máquina tiene la capacidad de variar la velocidad de giro del compresor de forma gradual y milimétrica.
Funciona exactamente igual que el acelerador de tu coche en la autopista. Si quieres llegar a 120 km/h rápido, pisas el acelerador a fondo (gran consumo de gasolina). Pero una vez alcanzas los 120 km/h, levantas el pie ligeramente y solo mantienes un poquito de presión en el pedal para vencer la resistencia del viento; en ese punto, el coche gasta muy poco combustible.
Tu aire acondicionado hace lo mismo. Cuando lo enciendes a las 15:00h para bajar la temperatura de 30ºC a 25ºC, el compresor Inverter arranca a su máxima velocidad. Durante esos primeros 20 minutos, el aparato consumirá el máximo de electricidad. Sin embargo, la magia ocurre cuando se alcanza la temperatura objetivo. En lugar de apagarse, el cerebro Inverter ralentiza el motor hasta casi detenerlo. El compresor pasa de consumir 1.500 vatios a consumir apenas 150 o 250 vatios (menos que una televisión de plasma antigua).
El pico de arranque: El enemigo del ahorro
El esfuerzo energético más brutal para un aire acondicionado no es mantener una temperatura estable, sino vencer la inercia térmica de los muebles, las paredes y el aire recalentado de la habitación. Ese esfuerzo titánico solo se justifica si lo haces una vez al día.
Si sigues la táctica de apagar el equipo cada media hora y dejas que los muebles de tu salón se vuelvan a calentar, cuando lo vuelvas a encender obligarás al motor Inverter a acelerar otra vez al máximo, generando un nuevo pico de altísimo consumo. Estás impidiendo constantemente que el Inverter entre en su beneficiosa fase de "velocidad crucero de bajo consumo".
El truco definitivo: Los ingenieros térmicos lo tienen claro. Es muchísimo más barato a final de mes encender el aire acondicionado a las 14:00h, fijar el termostato a unos confortables 25ºC (ni más, ni menos), y dejar la máquina encendida de forma ininterrumpida hasta las 20:00h. Una vez vencido el calor inicial, el aparato pasará cinco horas consumiendo apenas el equivalente a dos bombillas tradicionales, proporcionándote un ambiente fresco y constante, sin ruidos de picos de arranque, y alargando la vida útil del motor.