Volver al blog

Mantenimiento preventivo: ¿Qué hacer antes de que llegue el verano?

La vital importancia del mantenimiento preventivo

Pocas cosas hay tan frustrantes como sobrevivir a un largo y frío invierno, soportar una lluviosa primavera, y el primer día que los termómetros rozan los 35 grados en pleno verano, ir al mando de tu aire acondicionado, pulsar el botón de encendido y descubrir que la máquina no responde, echa aire caliente o expulsa un olor insoportable. Este escenario, extremadamente común, satura a los servicios técnicos durante el mes de julio, provocando que tengas que esperar semanas para una reparación y pagar tarifas de urgencia muy elevadas.

Todo esto es evitable mediante un mantenimiento preventivo anual. Preparar tu equipo de climatización durante los meses de abril o mayo no solo te garantiza un verano sin sobresaltos, sino que alarga dramáticamente la vida útil del compresor, asegura que el aire que respire tu familia sea puro y libre de bacterias, y optimiza el consumo energético del aparato. A continuación, detallamos paso a paso la rutina completa de mantenimiento que debes aplicar antes de la llegada del calor.

1. Limpieza exhaustiva de la unidad interior (Split)

La unidad interior es el pulmón de tu hogar. Por ella pasa todo el aire que respiras. A lo largo del año, incluso si no usas la máquina, el polvo en suspensión de la casa se asienta en su interior.

a) Los filtros de polvo y partículas

Es la primera línea de defensa. Apaga el equipo y desconéctalo de la corriente por seguridad. Levanta suavemente la carcasa frontal (suele tener dos pestañas en los laterales) y verás unas mallas de nylon. Retíralas deslizándolas hacia abajo. Tráelas al lavabo y lávalas con agua templada y un jabón neutro. Puedes usar un cepillo de cerdas muy suaves si la suciedad está incrustada. Es absolutamente vital que los dejes secar al aire y a la sombra por completo. Si los introduces húmedos de vuelta en la máquina, la humedad creará el ambiente perfecto para la proliferación de colonias de moho letales para la salud respiratoria y causantes de mal olor.

b) La batería de intercambio (Serpentín)

Una vez sacas los filtros, verás tras ellos unas finas láminas metálicas de aluminio (el serpentín). Aquí es donde ocurre la magia del frío y la condensación del agua. Esta zona suele acumular bacterias. Existen en el mercado espumas higienizantes y sprays bactericidas específicos para aire acondicionado. Su aplicación es sencilla: se rocía el producto sobre las láminas de aluminio, se deja actuar el tiempo indicado por el fabricante (generalmente 15-20 minutos) y luego se enciende la máquina en modo frío. La propia agua de condensación generada arrastrará la espuma y la suciedad hacia la bandeja de desagüe, limpiando el sistema por completo.

c) La carcasa y las lamas direccionales

Utiliza un paño húmedo con un poco de limpiador multiusos suave para limpiar el exterior del plástico, prestando especial atención a las lamas horizontales y verticales por donde sale el aire, ya que suelen acumular polvo en sus ejes que puede dificultar su movimiento oscilante.

2. Verificación del sistema de desagüe

Al enfriar, el aire acondicionado extrae litros de humedad del ambiente que deben ser evacuados al exterior o a un conducto interno a través de una manguera de desagüe. Durante el invierno, los restos de agua y polvo acumulados pueden formar un "barrillo" que al secarse tapona completamente este tubo. Cuando enciendas la máquina en verano, el agua no podrá salir, la bandeja interna rebosará y presenciarás una cascada de agua cayendo por la pared de tu salón.

Para evitarlo, antes de la temporada fuerte, puedes comprobar el desagüe echando un chorrito de agua muy lentamente con una botella directamente en la bandeja interna (con cuidado de no mojar la electrónica) y comprobar que el agua sale correctamente por el otro extremo en la calle. Si está taponado, a veces basta con soplar fuertemente por el extremo exterior o usar una pequeña guía de electricista para desatascarlo.

3. Revisión de la unidad exterior (El Compresor)

La máquina que tienes colgada en la fachada, balcón o azotea es el motor de tu instalación. Está expuesta a la lluvia, la contaminación, las hojas de los árboles y los insectos los 365 días del año. Su correcto funcionamiento es crítico para el rendimiento y la supervivencia del equipo.

Asegúrate de que la parte trasera del compresor (por donde toma el aire) no esté bloqueada por bolsas de plástico, hojas secas, nidos de pájaros o pelusas acumuladas. Si la batería trasera de aluminio está tapada, el equipo no podrá expulsar el calor, el compresor se recalentará peligrosamente y el sistema se detendrá por protección térmica (o peor, se quemará). Con una simple brocha suave o un aspirador, limpia suavemente esta rejilla. Revisa también que los soportes y tornillos que anclan la máquina a la pared estén firmes y no presenten un óxido severo que comprometa la seguridad.

4. Prueba de encendido y comprobación del gas refrigerante

Finalmente, no esperes al día más caluroso del año para hacer la prueba de fuego. En un día de primavera normal, enciende la máquina, ajusta el termostato en modo frío (icono del copo de nieve) y baja la temperatura a 18ºC temporalmente para forzar el arranque del compresor.

Acércate al split interior: debes sentir un flujo de aire potente y gélido en pocos minutos. Presta atención a los ruidos: no deben escucharse vibraciones anormales, chirridos o crujidos metálicos. Si tras 15 minutos de funcionamiento, el equipo expulsa aire a temperatura ambiente o muy poco frío, y notas que las tuercas de las tuberías en la unidad exterior se están cubriendo de hielo o escarcha blanca, es la señal inequívoca de que hay una pérdida de gas refrigerante. En este caso, deberás llamar a un técnico homologado en gases fluorados para que localice la fuga, la repare (muy importante) y realice una recarga de gas con garantías.

¿Necesitas ayuda profesional?

Solicita presupuesto sin compromiso para la instalación o mantenimiento de tu aire acondicionado.

Pedir Presupuesto Gratis