Fin de temporada: cómo dejar el aire acondicionado listo para el invierno
Los pasos para guardar el equipo correctamente y evitar los malos olores, atascos y averías que aparecen al encenderlo el verano siguiente.
Por qué el final de temporada importa tanto como el principio
Casi todo el mundo asocia el mantenimiento del aire acondicionado a la primavera, justo antes de empezar a usarlo. Tiene sentido, pero deja fuera una parte del problema: buena parte de las incidencias que aparecen en el primer arranque del verano se gestan durante los meses de inactividad.
Un equipo que se apaga sin más en septiembre y no vuelve a tocarse hasta junio pasa nueve meses con humedad residual en su interior y con un desagüe donde el polvo se va compactando. El resultado es previsible: olor a humedad al encenderlo, goteos por la pared y, en el peor caso, una avería justo el primer día de calor, cuando los servicios técnicos están saturados.
Dedicar media hora al cierre de temporada evita casi todo eso.
Paso 1: secar el equipo por dentro
Es el paso más importante y el que casi nadie hace.
Durante su funcionamiento en modo frío, el aire acondicionado extrae humedad del ambiente. Esa humedad condensa sobre el serpentín y se acumula en la bandeja. Si apagas el equipo y lo dejas así durante meses, tienes humedad estancada en un espacio oscuro y con polvo: el entorno ideal para que proliferen mohos y bacterias. Ese es exactamente el origen del característico olor a humedad del primer arranque.
La solución es sencilla: antes de guardarlo, ponlo en modo ventilador durante dos o tres horas. Sin frío, solo moviendo aire. Eso seca el serpentín, la bandeja y el interior de la unidad.
Algunos equipos disponen de una función de autolimpieza o autosecado que hace exactamente esto de forma automática al apagar. Si el tuyo la tiene, actívala.
Paso 2: limpiar los filtros antes de guardarlo
Guardar el equipo con los filtros sucios significa dejar polvo acumulado durante nueve meses, que se compacta y resulta más difícil de retirar después.
Retíralos, lávalos con agua templada y jabón neutro, y —igual que en cualquier limpieza de filtros— déjalos secar por completo a la sombra antes de volver a montarlos. Montarlos húmedos en un equipo que va a estar parado meses es precisamente lo contrario de lo que buscas.
Paso 3: comprobar y limpiar el desagüe
El tubo de desagüe es la causa número uno de los goteos que aparecen al reanudar el uso. Durante el invierno, los restos de suciedad y humedad forman un tapón que impide evacuar el condensado. En junio, la bandeja rebosa y el agua acaba cayendo por la pared del salón.
Antes de cerrar la temporada, merece la pena comprobar que el desagüe evacúa correctamente y que la salida al exterior no está obstruida por hojas, insectos o suciedad acumulada.
Paso 4: revisar la unidad exterior
La unidad exterior va a pasar el otoño y el invierno a la intemperie, con lluvia, viento y caída de hojas. Antes de dejarla parada:
- Retira hojas, pelusas, bolsas o cualquier resto acumulado en la rejilla trasera.
- Comprueba que no haya nidos de insectos o pájaros dentro de la carcasa.
- Revisa el estado de los soportes y la tornillería, prestando atención al óxido.
- Verifica que las tuberías conserven su aislamiento y que no esté agrietado o desprendido por el sol.
Sobre cubrir la unidad exterior con una lona hay opiniones divididas. Las unidades están diseñadas para estar a la intemperie, así que no es necesario. Y si se cubre con un plástico completamente hermético, puede resultar contraproducente: retiene humedad y favorece la corrosión, además de crear un refugio atractivo para roedores. Si decides cubrirla, usa una funda transpirable específica y retírala antes de volver a encender.
Paso 5: si lo usas también en invierno
Cada vez más equipos funcionan como bomba de calor. Si vas a seguir usándolo para calefacción, no hay temporada de cierre propiamente dicha, pero sí conviene un cambio de enfoque:
- Haz el ciclo de secado igualmente al terminar el uso en modo frío, antes de cambiar a calor.
- Sigue limpiando los filtros con la misma frecuencia: en modo calefacción también circula aire y también se ensucian.
- Ten presente que en modo calor la unidad exterior genera condensación y realiza ciclos de desescarche, por lo que el agua sale por la unidad de fuera. Comprueba que puede evacuar sin encharcar una terraza o gotear sobre un vecino.
Paso 6: el mando y la alimentación
Dos detalles menores que evitan sustos:
Retira las pilas del mando si va a estar meses sin usarse. Una pila olvidada puede sulfatarse y estropear los contactos, y descubrirlo el primer día de calor es una molestia perfectamente evitable.
Sobre desconectar el equipo de la corriente, hay un matiz que conviene conocer: muchos equipos tienen una resistencia de cárter que mantiene templado el aceite del compresor. Cortar la alimentación durante meses no daña el equipo, pero si lo haces, conviene reconectarlo varias horas antes de la primera puesta en marcha para que esa resistencia haga su trabajo antes de que arranque el compresor. En caso de duda, consulta el manual de tu modelo.
Y en primavera, antes de volver a usarlo
El complemento natural de todo esto es no esperar al primer día de calor para probarlo. En una jornada templada de abril o mayo, enciende el equipo en modo frío y déjalo funcionar quince o veinte minutos. Comprueba que enfría, que no hace ruidos extraños y que el desagüe evacúa bien.
Si algo falla, lo descubres en primavera, con los servicios técnicos disponibles y sin tarifas de urgencia, en lugar de en pleno agosto.
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